martes, 4 de noviembre de 2014

Historia de amor.


Negar una historia de amor, no la hace inexistente.

Tú y yo tuvimos una historia.
Fugaz, pero finalmente una historia.
Con momentos inolvidables, versos delicados y besos repartidos.
Me guste, o no.
Te guste, o no.
Estés o no.

Y así, al final de cuentas estamos como al principio, perdidamente solos. Y nuestros besos con tantas ganas de encontrarse.

Fue un placer haber coincidido.
Fue un placer habernos roto el corazón.

Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de habernos conocido. Que nunca intentare olvidarte y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y te hago mío con solo verte de lejos.

Creo que es exacto citar a Cortázar pues no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero te quise y te quiero, aunque estemos destinados a no ser.

Tengo una gran ternura y un gran deseo de ti. Pero es inútil esperarte, no estás, no llegas. Tengo que escribirte estas cosas cuando no quisiera escribirte ni decirte nada, sino abrazarte y besarte en silencio, y mirarte, sentirte a mi lado. Estar juntos, así no más. Así, todo el tiempo.

Todo lo que yo quería de ti eran esas cosas cotidianas. El olor de tu cuerpo, saber lo que piensas de cualquier cosa, de ti, de mí, de nuestro entorno. Quería que miraras más de mi apariencia, que me recordaras con pasión y que el placer que nos inventáramos fuera otro signo de libertad.

Quería entrelazar mis manos con las tuyas. Quería ver estrellas junto a ti. Antes de que se nos acabase la eternidad. Pero fue demasiado tarde y no hay nada peor que el "demasiado tarde"

jueves, 30 de octubre de 2014

Just alone...

Freya.
Las cosas no parecen mejorar.
Sin Tima aquí que me diga que todo estará bien, simplemente no puedo ver la luz.
Hoy Fernando me dijo que una relación no puede ser posible entre nosotros. No me sorprendió.
Su actitud, gestos y mirada lo decían todo.
¿No es un poco irónico? Tima, quién fue la que me dijo que le dijera que sí a Fer, ahora no está y el mismo Fer, que representaba aquella parte enterrada en las profundidades de mis anhelos también se ha ido.
Tima, quien fue la que me dijo que abriera mi corazón se ha ido, al igual que la razón misma que lo abrió.
Está bien. Lo prefiero así.
Tengo miedo del 30 y 31, no sé que veré. No sé que sentiré. No sé que es lo que haré.
Las cosas no están bien y el mundo no parece percibirlo.
El equilibrio no está balanceado.
Llevo días sin dormir y mi cabeza va a explotar. Cansada me sumerjo en mis pensamientos y lágrimas.
Caí en el patético caso de "memorias ausentes" que son cosas que no habían pasado pero que quería que pasaran. Un beso bajo la lluvia. Una sorpresa en Navidad. Velas, cenas y películas que jamás tendrán lugar. Sonrisas tímidas que jamás existirán. Manos entrelazadas que jamás se sostendrán. Poemas que jamás se escribirán. Miradas que ahora, jamás se cruzarán.
Está bien. No estaba destinado a ser.
Con cuantas ganas quería querer.
Con cuantas ganas quería emocionarme, ilusionarme y enamorarme.
Con cuantas ganas quería detener el tiempo entre besos.
Pero aún más importante, con cuantas ganas quería que fuera con él.
Quería que sus brazos fueran mi abrigo en diciembre y mi fortaleza en octubre.
Quería que sus ojos fueran mi santuario y su boca mi hogar.
Quería que funcionara. Quería que me quisiese.
Quería tomar su mano en otoño y alegrarle el día cuando lo necesitara.
Pero está bien.
No estaba destinado a ser.
Desde un principio concluyó. Mi ilusión se fue con su atención.
Mi esperanza murió junto a sus detalles.
Si tan solo...

Tima se equivocó, y me duele tanto no tenerla para contarle todo esto. Me duele tanto no poderle decir: "Te lo dije duendecillo, siempre lo estropeo"
Ella me hubiera dicho: "No es tu culpa"
Y yo le hubiera contestado: "Lo es, o ¿no fui acaso yo la que no logró pasar su "Prueba"?".
Me miraría con su cínica mirada divertida y me diría: Es él quién no logró pasar LA prueba.
Reiríamos y me animaría contando chistes sobre niños de mami. Al final rematando con un: "Eres arte, él simplemente no es un buen admirador. No sabe apreciar lo realmente bello."
Discutiríamos sobre que no soy bella y terminaría perdiendo con mis propias palabras. Nobleza, lealtad, sacrificio, esfuerzo y atención.
Soy patética, simplemente patética.
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Las estrellas siempre han sido mi medicina.
Mirarlas me tranquiliza, anima y reconforta.
¿Pero la luna? La luna es otra historia.
Es tan parecida a mí.
Sola, esperando.

martes, 28 de octubre de 2014

Tima

Freya.
Mi corazón se ahoga entre sonrisas falsas. Pero no puedo, no debo dejarlos entrar.
¿Es que las lágrimas son una representación de la verdadera fuerza? ¿Es que una mirada ausente y llena de esperanza es un gesto de amor?
¿Por qué? Es lo único que se repite en mi mente.
Tima partió.
Se fue con una sonrisa según me contaron. Se fue susurrando un "Los amo, no estén tristes. Y sabré si lo están, los estaré vigilando".
Se fue como una noble brisa matinal. Fresca, deliciosa, pura e inspiradora.
Sus palabras siempre quedarán tatuadas en mi corazón. Tanta sabiduría, tanta ilusión, tanta esperanza y tan pocos años.
¡¿Cómo?! ¿Cómo apago los gritos del corazón? Gritos que me parten el alma en silenciosas sonrisas.
Le dije que no se preocupara por mi. Que yo veía a la muerte como algo hermoso, jamás olvidaré su sonrisa cínica. "La muerte lo es, pero no el dolor que causa a los que se quedan".

La muerte siempre había representado para mí algo hermoso. La conclusión de una gran obra. A veces magistral, otras tantas un poco más simple. Muy pocas veces justa.
Sin palabras que ocupen mi mente, el dolor se abre paso.
Sin motivos que guíen mis esperanzas, octubre se hace presente.


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Tima.

Oh Tima. Mi querida Tima.
Solías llamarme tu ángel. Decías que me habían enviado desde el cielo.
Me abrazabas como jamás lo hizo nadie.
Y amaba cuando te sentías fuerte.
Te admiraba tanto.
Te extrañaré tanto.
Gracias por despedirte. Sabía que no te irías sin decirme adiós.
Sé que te prometí que no lloraría pero, ¿por qué tenías que irte justo ahora? Justo cuando más te necesitaba.
Tima, mi querida Tima.
Yo no fui enviada a ti, tú fuiste enviada a mí.
Tu me recordabas como mis problemas no eran importantes, como no importaba qué debía sonreír.
Tu fuiste luz en un mundo de banal oscuridad.
Gracias por nunca dejar que olvidara lo que importaba.
Como quisiera poder cambiar papeles. Tú que hubieras podido cambiar el mundo con solo una sonrisa.
Lamento tanto no haber estado.
Lamento tanto el no haberte ido a visitar.
Ahora serás tú quien me visite a mí.
Te prometí varias cosas Tima, y quiero que sepas que las cumpliré. De alguna forma, en algún momento.
De alguna manera me consuela saber que ahora sabrás que el cielo existe.
Y que aquellos, grandes almas como tú, son quienes lo habitan.
Espero de todo corazón que Dios tenga la paciencia que dice tener, jajaja. Pequeña duendecilla preguntona. Espero que ahora sepas la respuesta de cada una de tus preguntas, excepto la del sexo, jajaja. Esa que jamás te quise responder. Y de verdad, de verdad espero que no cumplas la promesa del 22 de septiembre, sabrás bien a cual me refiero, pequeña espía.

A ti, que me recordaste lo bueno de la vida, siempre te recordaré. Recordaré tu risa, tu sonrisa. Tu tipico y único lunar en el hombro y tus dientes chuecos. Recordaré tus palabras y tus miradas ausentes. Te recordaré como inspiración y motivación. Como el rayo de luz que guía en la oscuridad. Recordaré como jugabas con la lengua cada vez que pensabas y como en tus ojos tu alma se asomaba.
Recordaré tus cuentos y tus añoranzas. Tus sueños y tus esperanzas.
Recordaré como disfrutabas de un buen pay y como odiabas lavarte los dientes después de cualquier postre.
Te recordaré bella y sonriente, con tu anhelado cabello rizado y mejillas sonrosadas. Te recordaré a ti, Tamara Vargas, como el ángel que se burla de mis estupideces desde allá donde no hay dolor.

Gracias por todo.
Tuya.
Fanny.

martes, 14 de octubre de 2014

Discodia

¿Es que alguna vez tendremos aquello que conscientemente queremos?
Hola Freya, hoy fue un día de emociones intensas. Emociones por las que muchos

jueves, 9 de octubre de 2014

Día 1: Revelaciones.

Freya.
Hoy he iniciado ésta aventura con la esperanza de entender las profundidades de mi propio ser. Soy desorganizada, impulsiva, romántica y pasional. Mi propia e incongruente manera de pensar me arrastra a preguntas equivocadas y en consecuencia a respuestas erróneas. La mayoría del tiempo no logro entenderme y me pierdo de aquello que ni siquiera sabía que había conseguido.
He iniciado ésta aventura con la intención de conocerme mejor y tratar de organizarme un poco más. Mi vida hasta el día de hoy ha sido y es un completo desastre. No sé hacia dónde ir o qué pensar. Qué buscar o qué responder. No creo siquiera poder asegurar que me conozco y que sé lo que quiero. Mis carencias e inseguridades me hunden en problemas que no son más que mero drama caprichoso. Mi tendencia a querer ser algo que seguramente no soy (normal) me conflictúa en la búsqueda de mi personalidad y pensamientos, inclusive en mis emociones.
Mi necesidad de afecto me sofoca. Mi soledad me abruma.
Me necedad al no querer mirar mi realidad me asusta.
¿Qué fue, es y será de mí?
¿Por qué me aferro a la idea del amor?
Hmp, ¿por qué me hago tantas preguntas si ni siquiera sé qué es lo que estoy buscando?
Hoy he iniciado ésta travesía con la esperanza de encontrar un cómplice real, un cómplice que he entendido, no puede ser nadie más que yo misma.
En el momento en el que logre sentar mis ideas y ordenarlas, tengo la esperanza de que mi visión será mucho más clara.
He iniciado hoy, una nueva etapa, en dónde no busco a nadie más que a mí. No busco la comprensión de nadie más que la mía y no busco el amor de nadie, más que el propio.
¿Será entonces que tengo una esperanza?
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Ella sonrió sarcásticamente sin apartar la vista de la carretera, hacía apenas dos minutos que casi se había estrellado contra un coche al pasarse un alto por ir tan distraída. Aún después de la experiencia, ella seguía inmutable, más consternada por la conversación que había tenido con sus mejores amigos que por el hecho de la posibilidad de haber tenido un accidente. En su cabeza repasaba las palabras de Milo y Peter y no lograba comprender su lógica. ¿Es que ella no tenía posibilidad alguna de ser amada? ¿De ser un única e irremplazable para alguien?
Su razón ya lo había deducido de hace tiempo atrás, pero al igual de necio que su esperanza, su corazón se negaba a escuchar a su razón.
–No es tan sencillo –se repitió en voz alta. –Los humanos no son tan sencillos.
Milo y Peter le habían dicho que los hombres eran tan fáciles que gustaban de una mujer en cuestión de segundos. Su naturaleza –femenina y complicada– gritaba que no, los hombres no podían ser tan jodidamente sencillos, era estúpidamente imposible. Sobre todo ellos.
No era posible que un hombre pudiese amar a alguien y ya. El hecho de que alguien fuese objeto de amor de otro alguien ya era, de entrada, profundo. Profundizar siempre había sido complicado, o al menos, ella lo comprendía de esa manera.
El amor si bien era sencillo, los humanos lo transfiguraban a algo bastante complicado. Era sencillo decir "te amo" ¿o no? Sin embargo, el significado de esa frase representaba algo demasiado grande como para ser explicado por algo tan finito como las palabras. Y si ni siquiera se podía definir con palabras cómo era posible que asegurarán que era tan fácil como amar o no amar.
Su mente era, en ese momento, como una cámara de políticos debatiendo. Se escuchaban voces y fundamentos en todo el salón pero ninguno resonaba tan fuerte como para sobresalir de los demás. Ninguno poseía la suficiente fuerza para ser convincente y ninguno planteaba alguna teoría que no se hubiese escuchado antes. Su sonrisa sarcástica señaló lo obvio. Al menos por esa noche, no iba a encontrar respuesta ni lógica a su pregunta.
Al darse por vencida en esa batalla, otra se desató en su mente y su corazón. ¿Qué seguía? Ahora sabía que no tenía oportunidad alguna de ser objeto de atracción de ningún hombre. Ella era demasiado en todos los sentidos para que alguien pudiese enamorarse de ella.
Era demasiado insegura, demasiado pasional, dramática, romántica e impulsiva. Era alguien que amaba las cosas más simples pero odiaba lo superficial. Era demasiado demandante y cambiante. Un momento hablaba demasiado y al siguiente se callaba y se perdía en miradas. Era demasiado necia y debatía por todo, aunque por dentro lo que más gozaba era de escuchar a los demás. Era demasiado triste aunque riera por todo y la sonrisa jamás se borrara de su rostro. Ella era demasiadas dudas, demasiadas inseguridades y demasiadas noches en vela.
Sólo había una cosa en la que no era demasiado y es que ella no era "bonita".
No, no tenía esperanza.
Ella era demasiado y muy poco, no era suficiente y  esa era la razón por la que no le gustaba que la conocieran realmente. Le gustaba que la gente pensara que era interesante, alegre y sencilla. Alguien que no se preocupaba mucho por nada. Le gustaba que la gente la admirara por ser sonriente, amigable y ligera. No le gustaba cuando alguien traspasaba sus murallas, se sentía desnuda, insegura y poca cosa. Sentía que si traspasaban esas murallas se darían cuenta de que en realidad no era interesante, no era fuerte ni "simple". Si traspasaban sus murallas, encontrarían a alguien con demasiados miedos, demasiadas dudas y demasiadas preocupaciones. Ella ya no sería ella y lo que la dentificaba. Se encontrarían con alguien que ni siquiera ella misma conocía a ciencia cierta.
Siguió manejando hasta que sin notarlo llegó a su apartamento. Había sido una clara revelación, su corazón a regañadientes había aceptado la lógica. Si lo que sus amigos habían dicho estaba en lo cierto, las probabilidades de que alguien la quisiere con todo lo que ella representaba eran casi nulas.
Decidió no pensar más en el asunto.
Subió directamente a la azotea del edificio y observo la luna llena.
Podía entender a la luna. Siempre presente, siempre solitaria, siempre cambiante. Ella la hacía sentirse acompañada y comprendida. La luna reflejaba su ser, su verdadero y desconocido ser.
Sonrió una vez más en la noche.
–Siempre Luna. Siempre Sol. –susurró con la esperanza de que sus palabras se perdieran en el viento y alguien, en algún momento y lugar las encontrara.