martes, 28 de octubre de 2014

Tima

Freya.
Mi corazón se ahoga entre sonrisas falsas. Pero no puedo, no debo dejarlos entrar.
¿Es que las lágrimas son una representación de la verdadera fuerza? ¿Es que una mirada ausente y llena de esperanza es un gesto de amor?
¿Por qué? Es lo único que se repite en mi mente.
Tima partió.
Se fue con una sonrisa según me contaron. Se fue susurrando un "Los amo, no estén tristes. Y sabré si lo están, los estaré vigilando".
Se fue como una noble brisa matinal. Fresca, deliciosa, pura e inspiradora.
Sus palabras siempre quedarán tatuadas en mi corazón. Tanta sabiduría, tanta ilusión, tanta esperanza y tan pocos años.
¡¿Cómo?! ¿Cómo apago los gritos del corazón? Gritos que me parten el alma en silenciosas sonrisas.
Le dije que no se preocupara por mi. Que yo veía a la muerte como algo hermoso, jamás olvidaré su sonrisa cínica. "La muerte lo es, pero no el dolor que causa a los que se quedan".

La muerte siempre había representado para mí algo hermoso. La conclusión de una gran obra. A veces magistral, otras tantas un poco más simple. Muy pocas veces justa.
Sin palabras que ocupen mi mente, el dolor se abre paso.
Sin motivos que guíen mis esperanzas, octubre se hace presente.


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Tima.

Oh Tima. Mi querida Tima.
Solías llamarme tu ángel. Decías que me habían enviado desde el cielo.
Me abrazabas como jamás lo hizo nadie.
Y amaba cuando te sentías fuerte.
Te admiraba tanto.
Te extrañaré tanto.
Gracias por despedirte. Sabía que no te irías sin decirme adiós.
Sé que te prometí que no lloraría pero, ¿por qué tenías que irte justo ahora? Justo cuando más te necesitaba.
Tima, mi querida Tima.
Yo no fui enviada a ti, tú fuiste enviada a mí.
Tu me recordabas como mis problemas no eran importantes, como no importaba qué debía sonreír.
Tu fuiste luz en un mundo de banal oscuridad.
Gracias por nunca dejar que olvidara lo que importaba.
Como quisiera poder cambiar papeles. Tú que hubieras podido cambiar el mundo con solo una sonrisa.
Lamento tanto no haber estado.
Lamento tanto el no haberte ido a visitar.
Ahora serás tú quien me visite a mí.
Te prometí varias cosas Tima, y quiero que sepas que las cumpliré. De alguna forma, en algún momento.
De alguna manera me consuela saber que ahora sabrás que el cielo existe.
Y que aquellos, grandes almas como tú, son quienes lo habitan.
Espero de todo corazón que Dios tenga la paciencia que dice tener, jajaja. Pequeña duendecilla preguntona. Espero que ahora sepas la respuesta de cada una de tus preguntas, excepto la del sexo, jajaja. Esa que jamás te quise responder. Y de verdad, de verdad espero que no cumplas la promesa del 22 de septiembre, sabrás bien a cual me refiero, pequeña espía.

A ti, que me recordaste lo bueno de la vida, siempre te recordaré. Recordaré tu risa, tu sonrisa. Tu tipico y único lunar en el hombro y tus dientes chuecos. Recordaré tus palabras y tus miradas ausentes. Te recordaré como inspiración y motivación. Como el rayo de luz que guía en la oscuridad. Recordaré como jugabas con la lengua cada vez que pensabas y como en tus ojos tu alma se asomaba.
Recordaré tus cuentos y tus añoranzas. Tus sueños y tus esperanzas.
Recordaré como disfrutabas de un buen pay y como odiabas lavarte los dientes después de cualquier postre.
Te recordaré bella y sonriente, con tu anhelado cabello rizado y mejillas sonrosadas. Te recordaré a ti, Tamara Vargas, como el ángel que se burla de mis estupideces desde allá donde no hay dolor.

Gracias por todo.
Tuya.
Fanny.

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