Freya.
Hoy he iniciado ésta aventura con la esperanza de entender las profundidades de mi propio ser. Soy desorganizada, impulsiva, romántica y pasional. Mi propia e incongruente manera de pensar me arrastra a preguntas equivocadas y en consecuencia a respuestas erróneas. La mayoría del tiempo no logro entenderme y me pierdo de aquello que ni siquiera sabía que había conseguido.
He iniciado ésta aventura con la intención de conocerme mejor y tratar de organizarme un poco más. Mi vida hasta el día de hoy ha sido y es un completo desastre. No sé hacia dónde ir o qué pensar. Qué buscar o qué responder. No creo siquiera poder asegurar que me conozco y que sé lo que quiero. Mis carencias e inseguridades me hunden en problemas que no son más que mero drama caprichoso. Mi tendencia a querer ser algo que seguramente no soy (normal) me conflictúa en la búsqueda de mi personalidad y pensamientos, inclusive en mis emociones.
Mi necesidad de afecto me sofoca. Mi soledad me abruma.
Me necedad al no querer mirar mi realidad me asusta.
¿Qué fue, es y será de mí?
¿Por qué me aferro a la idea del amor?
Hmp, ¿por qué me hago tantas preguntas si ni siquiera sé qué es lo que estoy buscando?
Hoy he iniciado ésta travesía con la esperanza de encontrar un cómplice real, un cómplice que he entendido, no puede ser nadie más que yo misma.
En el momento en el que logre sentar mis ideas y ordenarlas, tengo la esperanza de que mi visión será mucho más clara.
He iniciado hoy, una nueva etapa, en dónde no busco a nadie más que a mí. No busco la comprensión de nadie más que la mía y no busco el amor de nadie, más que el propio.
¿Será entonces que tengo una esperanza?
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Hoy he iniciado ésta aventura con la esperanza de entender las profundidades de mi propio ser. Soy desorganizada, impulsiva, romántica y pasional. Mi propia e incongruente manera de pensar me arrastra a preguntas equivocadas y en consecuencia a respuestas erróneas. La mayoría del tiempo no logro entenderme y me pierdo de aquello que ni siquiera sabía que había conseguido.
He iniciado ésta aventura con la intención de conocerme mejor y tratar de organizarme un poco más. Mi vida hasta el día de hoy ha sido y es un completo desastre. No sé hacia dónde ir o qué pensar. Qué buscar o qué responder. No creo siquiera poder asegurar que me conozco y que sé lo que quiero. Mis carencias e inseguridades me hunden en problemas que no son más que mero drama caprichoso. Mi tendencia a querer ser algo que seguramente no soy (normal) me conflictúa en la búsqueda de mi personalidad y pensamientos, inclusive en mis emociones.
Mi necesidad de afecto me sofoca. Mi soledad me abruma.
Me necedad al no querer mirar mi realidad me asusta.
¿Qué fue, es y será de mí?
¿Por qué me aferro a la idea del amor?
Hmp, ¿por qué me hago tantas preguntas si ni siquiera sé qué es lo que estoy buscando?
Hoy he iniciado ésta travesía con la esperanza de encontrar un cómplice real, un cómplice que he entendido, no puede ser nadie más que yo misma.
En el momento en el que logre sentar mis ideas y ordenarlas, tengo la esperanza de que mi visión será mucho más clara.
He iniciado hoy, una nueva etapa, en dónde no busco a nadie más que a mí. No busco la comprensión de nadie más que la mía y no busco el amor de nadie, más que el propio.
¿Será entonces que tengo una esperanza?
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Ella sonrió sarcásticamente sin apartar la vista de la carretera, hacía apenas dos minutos que casi se había estrellado contra un coche al pasarse un alto por ir tan distraída. Aún después de la experiencia, ella seguía inmutable, más consternada por la conversación que había tenido con sus mejores amigos que por el hecho de la posibilidad de haber tenido un accidente. En su cabeza repasaba las palabras de Milo y Peter y no lograba comprender su lógica. ¿Es que ella no tenía posibilidad alguna de ser amada? ¿De ser un única e irremplazable para alguien?
Su razón ya lo había deducido de hace tiempo atrás, pero al igual de necio que su esperanza, su corazón se negaba a escuchar a su razón.
–No es tan sencillo –se repitió en voz alta. –Los humanos no son tan sencillos.
Milo y Peter le habían dicho que los hombres eran tan fáciles que gustaban de una mujer en cuestión de segundos. Su naturaleza –femenina y complicada– gritaba que no, los hombres no podían ser tan jodidamente sencillos, era estúpidamente imposible. Sobre todo ellos.
No era posible que un hombre pudiese amar a alguien y ya. El hecho de que alguien fuese objeto de amor de otro alguien ya era, de entrada, profundo. Profundizar siempre había sido complicado, o al menos, ella lo comprendía de esa manera.
El amor si bien era sencillo, los humanos lo transfiguraban a algo bastante complicado. Era sencillo decir "te amo" ¿o no? Sin embargo, el significado de esa frase representaba algo demasiado grande como para ser explicado por algo tan finito como las palabras. Y si ni siquiera se podía definir con palabras cómo era posible que asegurarán que era tan fácil como amar o no amar.
Su mente era, en ese momento, como una cámara de políticos debatiendo. Se escuchaban voces y fundamentos en todo el salón pero ninguno resonaba tan fuerte como para sobresalir de los demás. Ninguno poseía la suficiente fuerza para ser convincente y ninguno planteaba alguna teoría que no se hubiese escuchado antes. Su sonrisa sarcástica señaló lo obvio. Al menos por esa noche, no iba a encontrar respuesta ni lógica a su pregunta.
Al darse por vencida en esa batalla, otra se desató en su mente y su corazón. ¿Qué seguía? Ahora sabía que no tenía oportunidad alguna de ser objeto de atracción de ningún hombre. Ella era demasiado en todos los sentidos para que alguien pudiese enamorarse de ella.
Era demasiado insegura, demasiado pasional, dramática, romántica e impulsiva. Era alguien que amaba las cosas más simples pero odiaba lo superficial. Era demasiado demandante y cambiante. Un momento hablaba demasiado y al siguiente se callaba y se perdía en miradas. Era demasiado necia y debatía por todo, aunque por dentro lo que más gozaba era de escuchar a los demás. Era demasiado triste aunque riera por todo y la sonrisa jamás se borrara de su rostro. Ella era demasiadas dudas, demasiadas inseguridades y demasiadas noches en vela.
Sólo había una cosa en la que no era demasiado y es que ella no era "bonita".
No, no tenía esperanza.
Ella era demasiado y muy poco, no era suficiente y esa era la razón por la que no le gustaba que la conocieran realmente. Le gustaba que la gente pensara que era interesante, alegre y sencilla. Alguien que no se preocupaba mucho por nada. Le gustaba que la gente la admirara por ser sonriente, amigable y ligera. No le gustaba cuando alguien traspasaba sus murallas, se sentía desnuda, insegura y poca cosa. Sentía que si traspasaban esas murallas se darían cuenta de que en realidad no era interesante, no era fuerte ni "simple". Si traspasaban sus murallas, encontrarían a alguien con demasiados miedos, demasiadas dudas y demasiadas preocupaciones. Ella ya no sería ella y lo que la dentificaba. Se encontrarían con alguien que ni siquiera ella misma conocía a ciencia cierta.
Su razón ya lo había deducido de hace tiempo atrás, pero al igual de necio que su esperanza, su corazón se negaba a escuchar a su razón.
–No es tan sencillo –se repitió en voz alta. –Los humanos no son tan sencillos.
Milo y Peter le habían dicho que los hombres eran tan fáciles que gustaban de una mujer en cuestión de segundos. Su naturaleza –femenina y complicada– gritaba que no, los hombres no podían ser tan jodidamente sencillos, era estúpidamente imposible. Sobre todo ellos.
No era posible que un hombre pudiese amar a alguien y ya. El hecho de que alguien fuese objeto de amor de otro alguien ya era, de entrada, profundo. Profundizar siempre había sido complicado, o al menos, ella lo comprendía de esa manera.
El amor si bien era sencillo, los humanos lo transfiguraban a algo bastante complicado. Era sencillo decir "te amo" ¿o no? Sin embargo, el significado de esa frase representaba algo demasiado grande como para ser explicado por algo tan finito como las palabras. Y si ni siquiera se podía definir con palabras cómo era posible que asegurarán que era tan fácil como amar o no amar.
Su mente era, en ese momento, como una cámara de políticos debatiendo. Se escuchaban voces y fundamentos en todo el salón pero ninguno resonaba tan fuerte como para sobresalir de los demás. Ninguno poseía la suficiente fuerza para ser convincente y ninguno planteaba alguna teoría que no se hubiese escuchado antes. Su sonrisa sarcástica señaló lo obvio. Al menos por esa noche, no iba a encontrar respuesta ni lógica a su pregunta.
Al darse por vencida en esa batalla, otra se desató en su mente y su corazón. ¿Qué seguía? Ahora sabía que no tenía oportunidad alguna de ser objeto de atracción de ningún hombre. Ella era demasiado en todos los sentidos para que alguien pudiese enamorarse de ella.
Era demasiado insegura, demasiado pasional, dramática, romántica e impulsiva. Era alguien que amaba las cosas más simples pero odiaba lo superficial. Era demasiado demandante y cambiante. Un momento hablaba demasiado y al siguiente se callaba y se perdía en miradas. Era demasiado necia y debatía por todo, aunque por dentro lo que más gozaba era de escuchar a los demás. Era demasiado triste aunque riera por todo y la sonrisa jamás se borrara de su rostro. Ella era demasiadas dudas, demasiadas inseguridades y demasiadas noches en vela.
Sólo había una cosa en la que no era demasiado y es que ella no era "bonita".
No, no tenía esperanza.
Ella era demasiado y muy poco, no era suficiente y esa era la razón por la que no le gustaba que la conocieran realmente. Le gustaba que la gente pensara que era interesante, alegre y sencilla. Alguien que no se preocupaba mucho por nada. Le gustaba que la gente la admirara por ser sonriente, amigable y ligera. No le gustaba cuando alguien traspasaba sus murallas, se sentía desnuda, insegura y poca cosa. Sentía que si traspasaban esas murallas se darían cuenta de que en realidad no era interesante, no era fuerte ni "simple". Si traspasaban sus murallas, encontrarían a alguien con demasiados miedos, demasiadas dudas y demasiadas preocupaciones. Ella ya no sería ella y lo que la dentificaba. Se encontrarían con alguien que ni siquiera ella misma conocía a ciencia cierta.
Siguió manejando hasta que sin notarlo llegó a su apartamento. Había sido una clara revelación, su corazón a regañadientes había aceptado la lógica. Si lo que sus amigos habían dicho estaba en lo cierto, las probabilidades de que alguien la quisiere con todo lo que ella representaba eran casi nulas.
Decidió no pensar más en el asunto.
Subió directamente a la azotea del edificio y observo la luna llena.
Podía entender a la luna. Siempre presente, siempre solitaria, siempre cambiante. Ella la hacía sentirse acompañada y comprendida. La luna reflejaba su ser, su verdadero y desconocido ser.
Sonrió una vez más en la noche.
–Siempre Luna. Siempre Sol. –susurró con la esperanza de que sus palabras se perdieran en el viento y alguien, en algún momento y lugar las encontrara.
Decidió no pensar más en el asunto.
Subió directamente a la azotea del edificio y observo la luna llena.
Podía entender a la luna. Siempre presente, siempre solitaria, siempre cambiante. Ella la hacía sentirse acompañada y comprendida. La luna reflejaba su ser, su verdadero y desconocido ser.
Sonrió una vez más en la noche.
–Siempre Luna. Siempre Sol. –susurró con la esperanza de que sus palabras se perdieran en el viento y alguien, en algún momento y lugar las encontrara.
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