lunes, 16 de febrero de 2015

Noviembre.

Freya.
No había escrito nada desde octubre.
Mis ganas de cualquier cosa se han perdido.
Y aunque a rastras trato de recuperarme, nada es lo mismo.
No sé si seguiré pretendiendo ante todos que todo está bien, o si de plano comenzaré a exteriorizar mis sentimientos.
Van dos semanas de noviembre y aunque mejor, aún hay algo que me perturba.
Busqué a Delaion con la esperanza de instrucciones precisas de cómo seguir, jamás respondió.
Fingiré entonces que todo es como quisiese.
Sonreiré.

Fines de semana. Benditos y malditos fines de semana.
Este fin de semana fue un genuino hecatombe. Tomé hasta perder la conciencia, en busca de un minúsculo escape que al final, solo me sumergió más en mi oscuridad.
¿Qué tan roto puede estar uno por dentro?
¿Qué tanto puede ocultar una sonrisa?
Octubre acabó pero al igual que cuando inició ahora todo es diferente.
Mi debilidad fue demasiada. Mi corazón se rompió. Mi alma se rompió y lo noto a ver lo que ahora estoy dejando entrar.
¿Notarán mis amigos que ya no volveré a ser la misma?
¿Notarán que mis sonrisas ya no son verdaderas?
¿Podrá alguien notar cuanto dolor se esconde en mi mirada?
No hay razones, motivaciones o simples ganas para continuar.
Sí, estoy rota. Cerrada y vacía.
Comencé a ir a misa diario, con la esperanza de encontrar eso a lo que llaman consuelo.
Rezo por la fuerza, rezo por el amor, por la esperanza.
Por un lado el simple hecho de levantarme de mi cama es un martirio, pero por otro hay una extraña voluntad dentro de mi que mantiene viva la esperanza. Unas extrañas ganas de no rendirme pero que no tienen la suficiente voluntad para hacerme sentir bien.
Sin Tima ¿quién será aquella persona que abra mis ojos a la belleza de la vida? Belleza no viciada, belleza pura y genuina.
Dejé de temerle a la soledad, ahora estoy tratando de llevarme con mis demonios. Estoy tratando de aceptar mi destino.
Freya.
Dicen que Dios no pone nada en tu camino con lo que no podrás lidiar. ¿En verdad me considera fuerte? Porque yo no.
Quiero escapar pero no quiero huir.
Soy patética.
Comenzaré a escribir diario. Es lo único que puedo hacer en este momento.

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Se miró al espejo una vez más.
Suspiró.
De nuevo tenía esa mirada. La mirada que acechaba su soledad.
Se miraba fijamente, tratando de encontrar eso que nadie ve y que todos comentan.
Se miraba fijamente, tratando de encontrase a ella misma.
Se miraba fijamente, tratando de encontrar algo que sabía no existía.
La puerta del baño sonó.
–¿Tienes delineador negro? –preguntó Gabriela.
Regresó a la realidad.
–Sí, en mi bolsa. Dame dos y ahorita te lo paso.
Ensayó su mejor sonrisa y salió. Había una fiesta por delante y la noche aún era muy joven.

Había decidido que ignoraría su realidad, sus sentimientos y sus pensamientos. Iba a ignorar su sentido común y su racionalidad. Había decidido ignorarse por lo menos una noche. Pretendería ser lo que odiaba e ignorar todo aquello que la lastimaba. Pretendería ser fría e indiferente. Sería egoísta e instintiva, por lo menos una noche.
Quería perderse, quería olvidar, quería fingir que era alguien más. Alguien normal, una joven cualquiera que no veía nada y que su preocupación era con quién iba a estar en la velada.
Pero él había ido a la fiesta.
Él la estaba mirando con una sonrisa en su rostro.
Él la estaba llamando.
El caprichoso objeto de sus anhelos no resueltos. Aquel en quien absurda y estúpidamente había depositado sus esperanzas rotas. Aquel por quien su mundo había cambiado tan radicalmente.
Y vaya que era estúpida. En lugar de comportarse, en lugar de salir, irse y olvidarse de ser idiota tomó el tequila.
Eligió el tequila.
Su coraje, su impotencia, sus anhelos. Toda ella explotó en el primer trago.
Mientras el liquido calentaba su pecho, imágenes comenzaron a inundar su mente y su corazón.
Quería ahogarlas. Quería ahogar sus emociones, su pasado, su presente e inclusive, tal vez, su futuro.
Tomó y tomó.
Quería gritar al mundo que ella no tenía la culpa de ser como era. Quería gritarle al mundo que le odiaba por no poder ser amada.
Pero solo tomo tequila.


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