lunes, 2 de febrero de 2015

Zapatos y cristales.

Freya.

Empatía.
Una palabra tan simple, un significado tan tan tan profundo.
Qué persona realmente es capaz de ponerse en los zapatos del otro.
Hoy estoy atónita. Llena de emociones encontradas: ternura, comprensión, coraje, frustración, empatía....
Conocer o empezar a conocer a una persona puede resultar la cosa más maravillosa del mundo. Comprendes infinidad de cosas, agarras más cariño e inclusive encuentras a una posible cómplice de vida.
Empezar a conocer a alguien después de diez años como extraños cordiales, es una sensación impresionante, que deja un amargo sabor de culpabilidad.
Hoy una amiga me contó un poco de sus sentimientos, sus frustraciones, sus pensamientos y anhelos, y sólo me ha hecho llegar a una conclusión: Es impresionante lo que uno puede llegar a esconder solo poniendo una sonrisa en la cara.
No cabe duda que cada cabeza es un mundo, pero aún un mundo más profundo y complicado es un corazón, y cada corazón tiene tanto qué decir.
¿Qué te puedo decir? Si el mundo fuera un lugar más empático, si cada uno de nosotros nos pusiéramos en los zapatos de los otros, el mundo sería un lugar utópico. Y es que esto de la empatía es un arma de doble filo, pues uno no puede dejar de tomar cariño por aquello que comprende.

Hoy sentí una ternura y comprensión por esta nueva amiga a la que a pesar de desayunar con ella los últimos diez veranos no había tenido la dicha –o amargura– de comprender.
Tanto a aguantado, tanto ha pasado y soportado como aquellas grandes que se pueden llamar a si mismas MUJERES. Y es tan frustrante escucharlas, querer ayudarlas y no poder hacer nada.
Entender su sentir, compartir su dolor, escuchar sus susurros y solo poder limitarte a mirar con comprensión.
Joder que me gustaría hacer algo, me gustaría hacer algo por todos. Me gustaría hacer tanto, que al final no hago nada, ahogada en olas de impotencia y frustración. Resignada.

Pero es que el ser humano es tan deliciosamente complejo...  cegados por el orgullo y necedad nos perdemos de las mejores relaciones de la vida. Convencidos de nuestros razonamientos y argumentos baratos que solo confirman aún más nuestra estupidez. ¿No sería tan hermosamente fácil hablar y tratar de comprender el razonamiento y los fundamentos del otro? Ponerse en sus zapatos, mirar desde su cristal.
No, necios corderos que argumentan con sus berridos insensatos. Triste situación de almas conocidas. Como quisiera ayudarlos, verlos felices y completos; sin dudas y sin temores. Sin traumas ni frustraciones. Sonriendo y soñando, hablando y escuchando...
Solo me queda pedir perdón por mi propia humanidad, perdón por mi necedad y mi soberbia, perdón por no escuchar, perdón por ignorar....

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Limpió su lágrima y sonrió con la frente en alto.
–Es que son tantas cosas...
–Comprendo –susurré enternecida.
–Es que no porque me vea serena y fuerte lo soy, sé que parece que quiero arreglar todo pero también...
–Necesitas que te arreglen –completé.
Asintió pensativa.
–Hay veces que uno llega a su tope y por cosas así, que nadie entiende realmente, uno se...
–Rompe.
Asintió de nuevo.
–Pero es que es tan difícil, trato de llevarlo lo mejor posible, pero a veces siento que soy solo yo la que...
–Parece que está esforzándose.
Asintió.
–Pero no te quiero marear más con mis choros, sólo es un poco de mi perspectiva, por que hay veces que uno...
–Explota –sonreí.
Sonrió y asintió de nuevo. Se levantó en silencio, tal vez un poco arrepentida por mostrar de alguna manera su vulnerabilidad. Se dirigió a la puerta y me dirigió una mirada de agradecimiento.
El sentimiento creció en mi pecho.
Ahora la comprendía mejor, ahora la miraba diferente y ahora la quería un poco más.
Las palabras salieron prácticamente solas de mi boca...
–¡Espera! –grité, ella se giró sorprendida. –Si de algo sirve, muchas muchas gracias.
Asintió de nuevo sonriendo.
–Buenas noches.
–Buenas noches.

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